Gobernar es acompañar: la rendición de cuentas desde la mirada del CONSEJO DE ADMINISTRACIÓN.


Enrique Barrera MedranoGobernar es acompañar: la rendición de cuentas desde la mirada del consejo de administración

 

Enrique Barrera Medrano

C.P.C. | L.D. | C.C.G.C. | M.D.C. | M.I. | P.C.FI.

• LECOSY (Legal Compliance System).

• ebarrera@brconsultores.com.mx


Erika jazmin ibarra robles

Erika Jazmin Ibarra Robles

• MBA | LAE

• EBM Consulting.


Como miembros de un consejo de administración, nuestra principal responsabilidad no es operar, sino asegurarnos de que la empresa esté siendo bien dirigida. Y para ello, hay una herramienta clave que, cuando se toma en serio, transforma la gobernanza: La Rendición de Cuentas. No hablamos solo de informes y reportes, sino de una cultura que convierte el compromiso, la transparencia y la vigilancia en un estándar de liderazgo.

Nuestra función como consejeros va más allá de ser un órgano fiscalizador: debemos actuar como socios estratégicos y acompañar, con nuestra experiencia, a la alta dirección. Este enfoque colaborativo es fundamental para asegurar la sostenibilidad y el éxito a largo plazo de la empresa en un entorno cada vez más dinámico y complejo.


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Aspectos clave de la rendición de cuentas

1. La estructura como columna vertebral del control

Desde el consejo, una de las primeras cosas que observamos es si la empresa cuenta con una estructura organizativa clara, funcional y orientada a resultados. Cuando no existen delimitaciones de roles, líneas de reporte definidas y reglas de operación consistentes, la rendición de cuentas se diluye. Se convierte en un acto simbólico, no un mecanismo real de seguimiento. Una estructura ordenada le da al consejo la certeza de que cada área sabe qué se espera de ella, cómo se mide su desempeño y ante quién debe responder. Sin esa claridad, cualquier intento de gobierno corporativo será superficial. En esa estructura se define dónde se toman las decisiones y quién tiene la autoridad para aprobar o vetar acciones, lo cual es crucial para el control financiero, operativo y de cumplimiento.

Dicho de otra forma, la estructura organizacional es al control lo que los cimientos son a un edificio: sin ellos, todo se tambalea. Si no existe una base firme y bien diseñada, los sistemas de control no solo pierden eficacia, sino que terminan por desmoronarse.

2. Informes institucionalizados:

De la observación a la Estrategia Uno de los principales insumos para el consejo son los informes de avance, desempeño y gestión de riesgos. Estos van más allá de una simple recopilación de datos: no cualquier informe cumple su función. Para ser verdaderamente útiles, deben estar institucionalizados; es decir, emitirse de forma regular, ser comparables en el tiempo, incluir indicadores relevantes y estar acompañados de una narrativa estratégica.

Como parte de un consejo de administración efectivo no debemos limitarnos a recibir información: debemos demandarla con criterio, colaborar en definir los indicadores clave, establecer estándares para su presentación y orientar las decisiones estratégicas que deben derivarse de esos datos. Así, los reportes se transforman en herramientas de gobernanza que vinculan la ejecución gerencial con la supervisión estratégica del consejo.

En otras palabras al redefinir el rol de los informes institucionalizados, las organizaciones pueden transformarlos de simples bases de datos en verdaderos motores de inteligencia organizacional, capaces de aprender, anticipar y guiar decisiones estratégicas en tiempo real dentro de un entorno cambiante.

3. Las sesiones de rendición de cuentas

A lo largo del año, el consejo debe participar en sesiones formales de revisión de resultados. La clave de estas sesiones no está solo en el contenido, sino en cómo se estructuran y conducen:

  • Un orden del día claro y enfocado.
  • Documentación previa entregada con la anticipación necesaria.
  • Responsables con preparación, dispuestos al diálogo abierto y constructivo.
  • Preguntas estratégicas que generen reflexión y valor.
  • Un cierre con acuerdos definidos y mecanismos de seguimiento.

Estas sesiones no buscan asignar culpas, sino alinear prioridades, corregir el rumbo cuando sea necesario y consolidar la rendición de cuentas como una práctica colectiva y continua.

En resumen las sesiones de rendición de cuentas deben ser encuentros estratégicos, participativos y orientados a la acción. Son una oportunidad invaluable para alinear a la organización, asegurar la transparencia y dirigirla hacia un futuro exitoso.


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4. El miedo: una barrera cultural que el consejo debe desactivar

No es raro ver gerentes y/o directores que se presentan a reuniones con una actitud defensiva: evitan compartir datos sensibles, minimizan resultados negativos o comunican con excesiva cautela. Este comportamiento rara vez se debe a falta de compromiso; suele responder al temor de ser juzgados más que comprendidos. Como consejeros, debemos saber leer entre líneas: cuando el miedo gobierna, la transparencia desaparece.

Parte de nuestro rol es generar un entorno donde rendir cuentas no sea sinónimo de juicio, sino de profesionalismo. La gestión del cambio empieza desde arriba, y el consejo tiene la autoridad moral y estructural para promover una cultura en la que se valore el error como oportunidad de mejora y el dato como fundamento del diálogo estratégico. Al desactivar el miedo, el consejo elimina obstáculos que frenan el desarrollo organizacional. Esta acción permite generar un entorno de confianza en el que florecen la innovación, la adaptabilidad, la agilidad en la toma de decisiones y la resiliencia colectiva, elementos esenciales para enfrentar con solidez los desafíos de un entorno empresarial cada vez más complejo y competitivo.

5. Consecuencias de no rendir cuentas: riesgos que el consejo no puede ignorar

Cuando las gerencias o direcciones no rinden cuentas, y el consejo no actúa, la organización entra en zona de riesgo. Lo que empieza como un retraso en un informe o una excusa constante, puede terminar en desvíos financieros, deterioro operativo o pérdida de reputación o de mercado. Un consejo pasivo no cumple su función fiduciaria. Su silencio puede ser cómplice del deterioro. Por eso, vigilamos no por desconfianza, sino por responsabilidad. Y cuando se identifica una falla persistente en la rendición de cuentas, el consejo debe tomar decisiones valientes: cambiar líderes, ajustar estructuras o activar comités de control.

Ignorar la rendición de cuentas no es solo una cuestión de ética, sino una estrategia imprevisible que pone en grave riesgo la viabilidad, la reputación y la sostenibilidad a largo plazo de la empresa.

El verdadero liderazgo también se demuestra en la rendición de cuentas

Podemos concluir que las organizaciones más sólidas no son necesariamente las que crecen más rápido, sino las que saben evaluarse con rigor, se ajustan y se mantienen coherentes en el tiempo. Y nada de eso ocurre sin un sistema de rendición de cuentas profesional, transparente y dinámico. Rendir cuentas no consiste únicamente en entregar datos: es respaldar con hechos la confianza que el consejo, los socios, los colaboradores y la sociedad depositan en una empresa. Es una expresión concreta de liderazgo responsable. Como consejeros, no gestionamos la operación diaria, pero si somos custodios del propósito, garantes de la integridad y responsables de velar por la continuidad institucional. Nuestro rol cobra sentido cuando acompañamos con firmeza, hacemos las preguntas difíciles y cuando nos aseguramos de que nadie se esconda detrás del cargo, sino que cada uno esté dispuesto a dar la cara por sus actos, con claridad y responsabilidad.


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