Cuando el negocio crece. Pero el fundador no… El negocio avanza, sí. Pero atado. Crece, sí. Pero con muletas. Respira, pero solo cuando él está. Eso no es liderazgo. Es dependencia.


mario rizo

Mario Rizo

Cuando el negocio crece. Pero el fundador no…

 

C.P.C. y M.I. José Mario Rizo Rivas

Blog del autor: mariorizo.com
Firma: Salles Sainz Grant Thornton

X: @mariorizofiscal


Muchos negocios escalan; pocos fundadores cambian a tiempo. El crecimiento no se frena por falta de oportunidades, sino por líderes que siguen operando con la identidad que los trajo hasta aquí.


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Una escena conocida

Al inicio, todo es heroíco. El fundador hace de todo: resuelve, corre, apaga fuegos, “saca el día”. Y cuando alguien le sugiere descansar, responde con orgullo: “Si yo no estoy, esto no camina.” No lo dice como queja: lo dice como identidad. Ahí empieza el problema.

El negocio avanza, sí. Pero atado. Crece, sí. Pero con muletas. Respira, pero solo cuando él está. Eso no es liderazgo. Es dependencia.

Las tres trampas del fundador

  1. Confundir sacrificio con valor

Cómo se ve: la empresa nació con urgencia, no con estructura. Hubo intuición, no procesos; voluntad, no equipo. Funcionó… por un tiempo.

El fundador se vuelve indispensable no por brillantez, sino por no haber dejado de ser el único que decide.

Pasar de “hacer” a diseñar sistema: calendario de gobierno, procesos mínimos y reglas explícitas para que el negocio no dependa del humor del día.

2. Delegar sin gobernar

Cómo se ve: el cansancio llega, se contrata gente, se delegan tareas… y vuelve el ruido: nadie decide, todos preguntan, nada avanza sin el fundador.
La empresa ya no depende de sus manos, ahora depende de su criterio.
Delegar con límites y métricas. Claridad de roles, umbrales de decisión por montos y riesgos, y revisiones semanales. Delegar trabajo sin construir gobierno es cambiar el problema de lugar.

3. Decir “esto no es lo mío”

Cómo se ve: el fundador se refugia en la técnica: “soy hacedor, no nací para corregir gente”.
El negocio ya no necesita un gran ejecutor. Necesita un dueño.

Asumir identidad de propietario: decidir sobre quién decide, cuidar la calidad de las decisiones y sostener conversaciones difíciles. Aunque no guste. Aunque no sea “lo suyo”.

Llega el momento incómodo en que alguien —con respeto— le dice al fundador: “La empresa ya cambió. El que no ha cambiado eres tú.”

Duele… porque es verdad. El negocio no está mal; está pidiendo otro líder. No otro nombre: otra identidad.

La verdadera evolución del fundador

La empresa no cambia por una presentación estratégica: cambia cuando el fundador cambia de identidad.

  • De hacedor a dueño: del “yo resuelvo” al “yo diseño reglas que resuelven”.
  • De vigilar a habilitar: del “todo pasa por mí” al “cada quien sabe qué decidir y hasta dónde”.
  • De agradar a dar claridad: liderar no es caer bien, es poner marco y expectativas.
  • De controlar a gobernar: gobernar es crear reglas que no dependen del humor.
  • De lealtad personal a mérito probado: aceptar que hay personas valiosas que no crecerán al ritmo de la empresa… y sostenerlo con respeto y decisión.

El negocio nunca fue el problema. El problema fue quedarse pequeño para lo que el negocio pedía. No por incapacidad, sino por no atreverse a dejar atrás la versión que antes sí funcionó.

Lo que el negocio pide ahora (sistema mínimo, no heroicidad)

  1. Gobierno corporativo mínimo viable
  • Consejo de Administración con dos externos activos.
  • Consejo de Familia y Protocolo con reglas de entrada/salida.
  • Mapa de decisiones: quién decide qué, con qué información y con qué límites.
  • Plan de sucesión por etapas con indicadores de dominio (técnico, liderazgo y criterio).

2. Delegación con límites claros

  • Cada trimestre, tres decisiones críticas migran a la siguiente línea.
  • Se documentan montos, riesgos y excepciones.
  • Se evalúan comportamientos “…medir lo que provoca el resultado, no solo el resultado.”

3. Prueba de continuidad

  • Ausencia programada de 10 días hábiles al año.
  • Indicadores de continuidad antes-durante-después.
  • Si se detiene algo crítico, no es descanso: es diagnóstico.

4. Rituales que sostienen cultura

  • Viernes de no-decidir: el fundador solo hace preguntas; el equipo propone.
  • Agenda de temas difíciles mensual con acuerdos escritos.
  • Cierres con aprendizajes y reconocimientos: menos rumor, más relato compartido.

laboradictos 300x414 1Checklist rápido del fundador

Marque Sí/No:

  1. ¿Mi equipo decide sin mí al menos el 60% de los temas operativos?
  2. ¿Existe un mapa de decisiones vigente y visible?
  3. ¿Hay dos consejeros externos activos en el Consejo?
  4. ¿Puedo ausentarme 10 días sin frenar nada crítico?
  5. ¿Delegué qué, cuánto y hasta dónde por rol (no por persona)?
  6. ¿Tratamos los temas difíciles con método (HIP: Hechos–Impacto–Petición)?
  7. ¿Existe un repositorio “si me pasa algo hoy” con poderes, accesos y contactos?
  8. ¿Tengo un plan de sucesión por etapas e indicadores?

Interpretación: 7–8 síes = sano · 5–6 = en riesgo · <5 = urgente.


Cuando el fundador no evoluciona, el crecimiento se vuelve dependencia.


La primera semana del fundador (acción inmediata)

  1. Deja de decidir tres cosas desde el próximo lunes y nómbrale dueño a cada una.
  2. Agenda la conversación difícil del trimestre con guion HIP y, si hace falta, facilitación externa.
  3. Conforma el GCMV: dos consejeros externos y calendario anual de gobierno.
  4. Crea y comparte el repositorio “si me pasa algo hoy” con dos custodios.
  5. Programa tu ausencia de dos semanas en los próximos 90 días con métricas de continuidad.

La pregunta ya no es si el negocio puede crecer. La pregunta real es si el fundador está dispuesto a crecer primero. La empresa familiar madura cuando el héroe deja de vivir en la urgencia y empieza a gobernar con reglas, equipos y relevo. Ahí empieza la continuidad.


Lo que el fundador controla para proteger la empresa suele ser lo mismo que limita su crecimiento. La protección madura se llama: reglas, equipos y relevo.


 


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