La mayordomía en la empresa familiar: custodiar antes que poseer

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Mario Rizo

La mayordomía en la empresa familiar: custodiar antes que poseer

 

C.P.C. y M.I. José Mario Rizo Rivas

Blog del autor: mariorizo.com
Firma: Salles Sainz Grant Thornton

X: @mariorizofiscal


En la empresa familiar, heredar no significa consumir, sino cuidar. La mayordomía no es una idea romántica: es la disciplina de preservar y multiplicar el legado con decisiones que resisten el corto plazo y honran a quienes vendrán.


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Las mejores estrategias para llevar una Empresa Familiar a la cima.

En la empresa familiar, el verdadero poder no está en mandar, sino en cuidar. No todo el que dirige comprende que su papel no es el de dueño absoluto, sino el de mayordomo del legado. La teoría del stewardship recuerda que liderar no es apropiarse del fruto, sino proteger la raíz para que otros también puedan cosechar.

La mayordomía es una visión del liderazgo que parte de la confianza y del compromiso moral. A diferencia de enfoques que asumen que el ser humano actúa principalmente por interés personal, el stewardship sostiene que quien dirige puede comportarse como custodio responsable, alineando sus decisiones con el bien común de la organización. En este enfoque, el líder:

  • Se identifica con el propósito de la empresa.
  • Prioriza la sostenibilidad sobre el beneficio inmediato.
  • Sirve al proyecto, en lugar de servirse de él.

La mayordomía en la empresa familiar

En el contexto familiar, la mayordomía deja de ser teoría para convertirse en obligación ética. La empresa no es solo una fuente de ingresos; es:

  • Historia compartida.
  • Esfuerzo heredado.
  • Identidad familiar.

El mayordomo empresarial entiende que:

  • La empresa no le pertenece por completo, aunque legalmente sea heredero.
  • Cada decisión afecta a la familia, a los colaboradores y a las generaciones futuras.
  • El corto plazo puede ganar dinero, pero el largo plazo construye legado.

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Mayordomía frente al poder

El poder busca control; la mayordomía busca continuidad.

El poder pregunta: “¿Qué puedo decidir hoy?”; la mayordomía pregunta: “¿Qué consecuencias tendrá esto mañana, cuando yo ya no esté?”

Por eso, el mayordomo cuida:

  • Los recursos financieros, evitando fugas pequeñas que erosionan grandes proyectos.
  • Las relaciones familiares, entendiendo que el vínculo es más frágil que el capital.
  • La reputación, porque una empresa puede perderse en un solo acto irresponsable.

Cómo se ve la mayordomía en la práctica

  • Política de dividendos responsable: remunerar sin descapitalizar; priorizar liquidez, mantenimiento y crecimiento.
  • Gobierno claro para familiares: reglas de entrada, evaluación y salida; mérito antes que apellido.
  • Transparencia y trazabilidad: estados financieros confiables, un solo estándar, una sola verdad.
  • Inversión en capacidades: formación de sucesores, desarrollo de mandos, tecnología y procesos.
  • Criterio de largo plazo: decir “no” a oportunidades rentables que comprometen identidad o calidad.
  • Rituales de coherencia: reconocer públicamente conductas alineadas y corregir desviaciones a tiempo.

Lo que no es mayordomía

  • Extraer valor sin crear valor.
  • Hacer excepciones por cariño que terminan como precedentes.
  • Invertir por ego o prisa, no por estrategia.
  • Opacidad informativa que debilita la confianza.
  • Confundir propiedad con impunidad.

Preguntas para el espejo (antes del cierre)

  • ¿Mis decisiones de hoy serán aplaudidas o explicadas por mis sucesores?
  • ¿Extraemos dividendos a una velocidad mayor que la capacidad de reponer y crecer?
  • ¿Hay excepciones familiares que ya se volvieron reglas silenciosas?
  • ¿Qué riesgo reputacional estamos tolerando por comodidad?
  • Si mañana faltara el fundador, ¿qué hábitos sostendrían la casa?

La mayordomía no es una pose; es una práctica cotidiana. Es renunciar al aplauso inmediato para asegurar que el proyecto respire después de nosotros. Es elegir métricas que midan la salud —no solo el brillo—, construir reglas que sobrevivan a los nombres propios y formar personas que amen el legado más que los privilegios.

Quien recibe una empresa y solo piensa en usar, la pierde; quien la recibe y decide cuidarla, la convierte en legado. Porque la empresa familiar no se administra para el mes ni para el año, sino para la memoria. Y la memoria reconoce a los dueños por su título, pero a los mayordomos por su coherencia.

“Gobernar no es mandar: es responder por lo que no veremos.”


“Quien gobierna con mentalidad de dueño agota; quien gobierna como mayordomo trasciende.”


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