Inteligencia Artificial y Fiscalización. Entre la tecnología que sustituye manos y la inteligencia que eleva decisiones.

Inteligencia Artificial y Fiscalización
Entre la tecnología que sustituye manos y la inteligencia que eleva decisiones
Por Alain Gómez Monterrosas
· Fundador de LEXRISK Intelligence
· Representante de ANAFINET en Tamaulipas
El presente ya tiene organigrama
La Inteligencia Artificial dejó de responder preguntas para empezar a construir decisiones. No es una predicción sobre el futuro del derecho: es una fotografía de su presente —y México ya entró en el encuadre.
Circula estos días, en las redes profesionales, una imagen aparentemente trivial: un organigrama. En la cúspide, una directora general humana. Debajo, cuatro directores humanos —Finanzas, Tecnología, Marketing y Área Legal—. Y bajo cada uno de ellos, una hilera que hasta hace poco habríamos considerado material de ciencia ficción: agentes de inteligencia artificial trabajando en paralelo. En el área jurídica, dos de ellos tienen nombre de función: uno revisa contratos; el otro gestiona el cumplimiento normativo. Por encima, una abogada principal humana los supervisa.

La pregunta que acompaña la imagen es honesta: ¿esto es el futuro… o ya está pasando?
La respuesta dejó de ser una opinión el 11 de febrero de 2026. Ese día, una de las diez mayores firmas jurídicas del mundo, Baker McKenzie, anunció el recorte de hasta mil empleos —cerca del 10 % de su plantilla global— y citó expresamente su mayor uso de inteligencia artificial entre las razones de la reestructuración.1 El organigrama del dibujo se había convertido en una nómina real.
Conviene, sin embargo, mirar la noticia con el bisturí y no con el hacha. Los recortes alcanzaron sobre todo a personal de apoyo —investigación, know-how, marketing, funciones secretariales—, no a los abogados.1 Y un coro nada despreciable de analistas advirtió de lo que ya se llama “AI washing”: la sospecha de que algunas empresas invocan la inteligencia artificial como explicación elegante de recortes nacidos de otras presiones. La cifra que sostiene la sospecha es contundente: la IA fue citada en más de cincuenta y cuatro mil anuncios de despidos durante el último año.2 No todo lo que se atribuye al algoritmo es obra del algoritmo.
Esa distinción —entre la tecnología que sustituye manos y la inteligencia que eleva decisiones— es, precisamente, el corazón de este artículo.
De responder dudas a construir estrategias
El 10 de junio de 2026, El País tituló una de sus piezas profesionales con una frase que merece leerse dos veces: “IA jurídica: de responder dudas a construir estrategias”.3 El título no describe una herramienta; describe un umbral. La inteligencia artificial jurídica nació como un oráculo que contestaba preguntas. Hoy empieza a comportarse como un consejero que diseña el camino.
No es una intuición aislada. El sector legal europeo ya nombró el tránsito “del prompt individual a los agentes de IA”.4 Deloitte, tras consultar a más de tres mil doscientos líderes empresariales en veinticuatro países, concluyó que el verdadero punto de inflexión de 2026 no es experimentar con inteligencia artificial, sino integrarla en el modelo operativo y en la toma de decisiones.5 Y un análisis más amplio lo resumió con precisión filosófica: cuando una tecnología deja de limitarse a responder y empieza a ejecutar tareas, el problema central ya no es qué dice, sino bajo qué reglas actúa.6

Traducido al castellano de la práctica: la pregunta dejó de ser qué sabe la máquina y pasó a ser qué decide la organización con lo que la máquina sabe.
Y ahí, exactamente ahí, está la asimetría que pocos nombran.
La asimetría silenciosa
En la economía mexicana opera una desigualdad que casi nadie pronuncia en voz alta: quien fiscaliza, decide; quien es fiscalizado, reacciona.
La autoridad hacendaria dejó de ser únicamente humana. Hoy audita con modelos, grafos, redes neuronales y volúmenes masivos de datos que cruzan cada comprobante fiscal digital, cada depósito, cada vínculo entre contribuyentes. El Servicio de Administración Tributaria no espera la declaración para sospechar: la anticipa.
Frente a una administración que se adelanta, el contribuyente que solo responde cuando llega el oficio ya empezó a perder.
Ese es el verdadero costo del litigio fiscal, y no se paga en honorarios. Se paga en decisiones que se tomaron tarde, mal o sin información. Una empresa modela su inversión, su flujo, su nómina y su deuda con instrumentos financieros de enorme sofisticación; pero modela su exposición jurídica con la herramienta más antigua del mundo: la intuición. El director de finanzas tiene tablero; el director jurídico, corazonadas.
La inteligencia artificial no creó esa asimetría. Pero la volvió insostenible. Porque cuando un lado del tablero juega con algoritmos y el otro con instinto, la partida ya no es desigual: es de otra disciplina.
Lo que sí cambia y lo que jamás debería cambiar
Aquí cabe la franqueza que el lector inteligente agradece. La lección de Baker McKenzie no es que la inteligencia artificial reemplace al abogado. Es que reemplaza, primero, a quien no aporta criterio. La máquina absorbe la tarea repetitiva —la revisión mecánica, el cotejo, la búsqueda—. Lo que no absorbe, lo que ninguna red neuronal ha sabido producir todavía, es el juicio sobre qué hacer con el resultado.
Conviene recordarlo porque la euforia tiene memoria corta. La empresa que más invirtió en agentes autónomos durante 2025 descubrió, al cerrar el año, que buena parte de ellos fracasaba, y que había sobreestimado las capacidades de la tecnología.7 La moraleja no es desconfiar de la inteligencia artificial; es desconfiar de quien la vende como sustituto del pensamiento. La máquina calcula. El ser humano decide. Y entre el cálculo y la decisión hay un puente que se llama método —y que, cuando falta, ningún algoritmo improvisa.
El derecho que ignora esta frontera legisla en el vacío; la empresa que la ignora, litiga en él.
Una categoría que en México no existía
De esta convicción —no de una moda— nació en México una categoría que el mercado jurídico aún no había nombrado: Decision Intelligence Legal, la inteligencia aplicada a la decisión jurídica antes, durante y, cuando corresponde, también contra el litigio.
No se trata de un despacho más ni de una herramienta de software. Se trata de una FORTALEZA anticipatoria entre la empresa y la autoridad, que convierte un cuarto de siglo de litigio fiscal complejo en un solo instrumento: el Dictamen de Riesgo Procesal Tributario™ (DRPT), se define como:
Una plataforma privada de LEXRISK INTELLIGENCE™ especializada en arquitectura de decisiones y medición de riesgo procesal tributario.
El DRPT™ no es una opinión; es un protocolo. Mide la exposición patrimonial. Jerarquiza los agravios. Modela los escenarios. Y entrega al consejo de administración el insumo que la inteligencia financiera produce desde hace décadas para los directores de finanzas —y que la inteligencia jurídica nunca había producido para nadie, lo que hacemos es:
Desarrollamos arquitecturas de decisión para asuntos tributarios complejos mediante la medición y modelación del riesgo procesal
El lector advertirá que estas líneas describen el qué con precisión, y guardan silencio sobre el cómo. No es omisión: es respeto al oficio. El método se entrega; no se publica.
Y aquí corresponde una afirmación que debe leerse sin estridencia, porque el verdadero lujo no presume, distingue —silentium aurum est, ostentatio plumbum—: somos los primeros en construir esto en México. Lo somos, y lo decimos sin arrogancia, porque la única manera honesta de fundar esta categoría era haberla necesitado durante veinticinco años antes de poder construirla.
No competimos con quienes ya usan inteligencia artificial en el derecho; los precedemos en una pregunta distinta —no cómo automatizar la tarea, sino cómo recuperar la decisión—.
Para el contador y el fiscalista que leen esto
Si usted asesora empresas, este fenómeno no lo amenaza: lo potencia. LEXRISK INTELLIGENCE™ no litiga, no comparece y no compite con su práctica. Opera bajo cláusula expresa de no-litigio y no-competencia frente a los despachos y firmas contables aliadas. La fórmula es deliberadamente simple:
Nosotros pensamos. Usted litiga. El cliente recupera el poder de decidir.
El profesional que integre esta arquitectura a su práctica no entregará a sus clientes una opinión más entre muchas: les entregará un dictamen que pueden llevar a junta para decidir si conviene litigar, continuar, negociar, contener o salir. Esa es la diferencia entre el contador que cuadra números y el asesor que protege patrimonios; entre el abogado que reacciona al oficio y el arquitecto que diseñó la defensa el día en que el cliente firmó su primera factura.
El siglo pasado terminó. No con una reforma, sino con un organigrama. La pregunta ya no es si la inteligencia artificial entrará en el área legal de las organizaciones —ya entró—. La pregunta es si entrará para recortar manos o para elevar decisiones. Quienes la usen para lo segundo no estarán anticipando el futuro de la profesión: estarán construyendo su presente.
Nosotros ya lo estamos construyendo. Y estamos aquí para acompañarlo.

Fuentes y referencias
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Baker McKenzie Lays Off Hundreds Amid AI Pivot (recorte de hasta 1,000 empleos, ~10 % de la plantilla global, principalmente personal de apoyo; la firma citó su uso de IA). National Today, 11 de febrero de 2026; Baker McKenzie to cut 1,000 roles in AI-driven restructuring, American Bazaar, 13 de febrero de 2026; lista de despidos atribuidos a IA en Programs.com (febrero de 2026).
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Law Firm Sacks Hundreds of Employees Amid Pivot to AI (debate sobre el “AI washing”; la IA fue citada en más de 54,000 anuncios de despidos en el último año). Futurism, 11 de febrero de 2026.
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“IA jurídica: de responder dudas a construir estrategias”. El País, sección Profesional, 10 de junio de 2026. Disponible para suscriptores en elpais.com.
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Informe de Innovación & Tendencias del Sector Legal 2026, capítulo “Del prompt individual a los agentes de IA”. Aranzadi La Ley / Fundación, febrero de 2026.
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El estado de la IA en las empresas 2026 (estudio State of AI basado en más de 3,200 líderes de 24 países; el punto de inflexión es integrar la IA en el modelo operativo y la toma de decisiones). Deloitte, 2026.
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La verdadera transformación de 2026: gobernar la inteligencia artificial. Infobae, 5 de febrero de 2026.
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Baker McKenzie Blamed AI For Massive Layoff, But The Problem Is Much More Complicated (referencia a la sobreestimación de las capacidades de la IA en despliegues de agentes durante 2025). Above the Law, 11 de febrero de 2026.






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