Reformas a la Ley Antilavado (Julio 2025). Fortalecimiento institucional y nuevas obligaciones.
Reformas a la Ley Antilavado.
FORTALECIMIENTO INSTITUCIONAL Y NUEVAS OBLIGACIONES
Introducción
En un contexto global en el que el combate al lavado de dinero se ha convertido en una prioridad de política pública, México ha dado un paso firme al reformar, en julio de 2025, la Ley Federal para la Prevención e Identificación de Operaciones con Recursos de Procedencia Ilícita (LFPIORPI). Esta reforma, largamente esperada desde su evaluación por el Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI) en 2018, responde a la necesidad de modernizar el marco normativo, cerrar vacíos legales y alinear nuestra legislación a los estándares internacionales.
El lavado de dinero es uno de los principales mecanismos mediante los cuales se encubre el origen ilícito de los recursos obtenidos por redes delictivas. Su impacto trasciende el ámbito penal: contamina la economía formal, distorsiona la competencia y debilita la integridad institucional. Por ello, la reforma publicada el 16 de julio de 2025 y vigente desde el día siguiente, introduce modificaciones tanto a la LFPIORPI como al Código Penal Federal, con el objetivo de fortalecer los mecanismos de detección, supervisión y sanción.
I. Nuevas definiciones: precisión conceptual y cierre de vacíos normativos
Desde la perspectiva del compliance, contar con definiciones claras evita la ambigüedad jurídica que suele frenar la acción regulatoria efectiva. La identificación precisa del beneficiario controlador o de una PEP no solo permite establecer medidas proporcionales al riesgo, sino que también sienta las bases para un análisis transaccional más robusto. En los sectores financiero y fiscal, donde la sofisticación de los esquemas de evasión y lavado es constante, la semántica legal es una herramienta de prevención crítica.
Las principales definiciones reformadas o incorporadas son:
- Beneficiario controlador. La reforma alinea este concepto con los estándares internacionales, estableciendo que debe tratarse de una persona física o grupo de personas físicas que, directa o indirectamente, obtiene el beneficio último de una operación o ejerce el control efectivo de una persona moral. Esta precisión busca evitar el uso de figuras intermedias para diluir la responsabilidad o dificultar la trazabilidad del dinero.
- Persona Políticamente Expuesta (PEP). Se define como aquella persona que ocupa o ha ocupado funciones públicas de alto nivel, ya sea en México o en el extranjero, así como sus familiares y colaboradores cercanos. Su inclusión obliga a quienes realizan actividades vulnerables a aplicar medidas reforzadas de debida diligencia, dado el riesgo inherente de corrupción o tráfico de influencias.
- Cliente o Usuaria. Se aclara que esta figura incluye tanto a personas físicas como morales, así como a fideicomisos que celebren actos u operaciones con sujetos que realicen actividades vulnerables. Esta ampliación da cobertura a un mayor espectro de relaciones contractuales o financieras.
- Relación de negocios. Se define como aquella que se establece de manera formal y habitual entre quien realiza una actividad vulnerable y sus clientes. Se excluyen expresamente los actos ocasionales y los servicios de fe pública prestados por notarios en ciertos casos, delimitando claramente el alcance de esta relación y sus obligaciones asociadas.
- Representante encargado de cumplimiento. Es la persona designada formalmente ante la autoridad para dar cumplimiento a las obligaciones derivadas de la LFPIORPI. Esta figura cobra mayor relevancia con la exigencia de capacitación anual obligatoria y la responsabilidad directa sobre el monitoreo de operaciones y presentación de avisos.
- Riesgo. Se define como la probabilidad de que las Actividades Vulnerables puedan ser utilizadas para llevar a cabo actos u operaciones a través de los cuales se pudiesen actualizar los delitos de Operaciones con Recursos de Procedencia Ilícita y los delitos relacionados. Esta definición sustenta el enfoque normativo basado en riesgos y permite su aplicación homogénea.
- UMA (Unidad de Medida y Actualización). Se incorpora formalmente en la ley como unidad de referencia económica para los umbrales establecidos en materia de identificación, aviso y límites al uso de efectivo, sustituyendo todas las referencias al salario mínimo. Esta homologación facilita la actualización automática y técnica de los límites legales sin distorsiones laborales.
En conjunto, estas definiciones permiten una mejor delimitación de responsabilidades, una gestión más eficaz de los riesgos operativos y una supervisión alineada con los criterios de organismos internacionales como el GAFI. Desde una óptica de compliance, su incorporación no solo fortalece la seguridad jurídica de los sujetos obligados, sino que les permite construir marcos de actuación más robustos, previsibles y auditables.
II. Nuevas actividades vulnerables y ajustes normativos (Artículo 17)
El reconocimiento del desarrollo inmobiliario como actividad vulnerable y la inclusión de operaciones realizadas con ciudadanos mexicanos desde otra jurisdicción en el intercambio de activos virtuales responden a fenómenos globales que México no podía seguir omitiendo.
Desde el punto de vista operativo, estos cambios obligan a los sujetos obligados a revisar a fondo sus estructuras de control interno y actualizar contratos, políticas y modelos de análisis de cliente. Se trata de una evolución necesaria en un entorno donde el dinero ilícito cada vez se mueve con más rapidez a través de lagunas en la supervisión.
III. Nuevas obligaciones para sujetos obligados: enfoque basado en riesgos
Este es quizá el punto más relevante de la reforma. En la práctica, muchas empresas trataban el cumplimiento como un trámite documental. Con las nuevas obligaciones, el enfoque basado en riesgos pasa de ser una recomendación a convertirse en una exigencia legal.
Esto requerirá una transformación cultural dentro de las organizaciones, donde la prevención del lavado de dinero debe incorporarse como una función transversal y no como una carga administrativa aislada.
La estructura del artículo 18 cambia para incorporar nuevas obligaciones como:
- Alta en padrón
- Evaluación de riesgos
- Manual de políticas internas
- Capacitación
- Monitoreo automatizado
- Auditorías anuales
Estas obligaciones profesionalizan la gestión del riesgo legal y operan bajo un modelo de cumplimiento proactivo.
IV. Beneficiario controlador: de lo reactivo a lo preventivo
La obligación de identificar beneficiarios controladores tiene por objeto una actuación más transparente. Desde el punto de vista de la trazabilidad financiera, este cambio facilita el seguimiento del origen y destino de los recursos, y cierra una puerta comúnmente utilizada para ocultar estructuras opacas o controladas por terceros no identificados.
Se redefine al beneficiario controlador limitándolo a personas físicas, se reduce el umbral de control del 50% al 25%, y se obliga a las sociedades mercantiles a registrar, conservar y reportar dicha información. Esto armoniza la legislación mexicana con los estándares internacionales y establece una obligación sustantiva de transparencia.
V. Supervisión, sanciones y mecanismos de corrección
Las nuevas sanciones, junto con los mecanismos de corrección espontánea, colocan al cumplimiento como una estrategia de prevención de riesgos legales y económicos. En el ámbito de los negocios, donde la reputación lo es todo, evitar una multa o una suspensión mediante la autorregulación temprana puede significar la diferencia entre la continuidad operativa y el colapso reputacional.
Conclusión
La reforma de 2025 a la Ley Federal para la Prevención e Identificación de Operaciones con Recursos de Procedencia Ilícita representa un avance significativo hacia un sistema normativo más sólido, preventivo y alineado con los estándares internacionales.
Las modificaciones incorporadas —desde la redefinición de conceptos clave hasta la inclusión de nuevas obligaciones y umbrales— buscan fortalecer las capacidades del Estado para detectar, prevenir y sancionar el uso de recursos ilícitos.
Sin embargo, la efectividad de esta reforma no dependerá exclusivamente de su letra, sino de su implementación constante y profesional, especialmente en sectores estratégicos como el financiero, el inmobiliario, el notarial y el comercio exterior.
Este esfuerzo normativo debe ser entendido como una tarea compartida entre las autoridades y la sociedad en su conjunto. Si bien el gobierno establece los marcos legales y los mecanismos de supervisión, corresponde también a la ciudadanía —particularmente a quienes realizan actividades vulnerables— adoptar una postura activa de corresponsabilidad.
La prevención del lavado de dinero no es únicamente una función institucional, sino un compromiso ético con la transparencia, la integridad y el desarrollo económico sostenible. Solo mediante una colaboración efectiva entre el Estado, los sectores regulados y la ciudadanía informada será posible consolidar una cultura de cumplimiento que proteja nuestro sistema financiero y fortalezca la confianza en las instituciones públicas.






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